Aleiu, sufridos lectores de mi blog,
voy a narraros lo que me ha acontecido hoy por la mañana: me dirigía yo a la biblioteca municipal de cierto barrio bilbaíno cuando en un paso de peatones, aprovechando la espera para que apareciera Verdelio y se escondiera Rogelio, una señora entradita en años ha decidido, no sé con qué excusa, darme charleta. Y yo, como soy como soy, le he estado dando palique hasta que ha aparecido Verdelio y más. Ha empezado explicándome sus obligaciones de "abuela-madre" (que son las de casi todas las amamas de hoy día: seguir preocupándose por sus hijos y, encima, criar a los nietos). Pero, eso sí, a ella su yerno la tenía en un pedestal porque más de una vez la ha sacado la cara delante incluso de su propia familia, claro que ella le adora y le respeta muchísimo. Además, ambos se han portado muy bien con el otro... el caso es que, al concluir la charla y despedirnos la mujer, encantadora ella me ha dicho: "bueno, guapísima, que tengas mucha suerte, que eres muy guapa, muy guapa...". Yo he musitado un "gracias" y he empezado a oír una música sacra, como de coro celestial. De pronto, he crecido varios palmos. Los hombres que pasaban me miraban con deseo y las mujeres con envidia. Los abuelos me sonreían con los rabitos de sus boinas enhiestos y los perros que paseaban con sus dueños venían a olisquearme y a pedirme caricias. Una ambulancia que pasaba ha dejado su "ninonino" para entonar el "I was born to love you de Fredy Mercury" y un vendedor de la ONCE me ha guiñado el ojo.
Y así han sido las cosas hasta que mi mirada se ha topado con mi alter ego reflejado en el espejo de un escaparate y la música celestial ha parado súbitamente (como si alguien hubiera retirado la aguja del disco demasiado apresuradamente, rayándolo). "Por Dios-he pensado- esta señora era una mentirosa de cojones". He mirado a mi alrededor. El ruido del tráfico y las voces de la gente que pasaba han vuelto a inundar la escena. Ya no había miradas de deseo ni de envidia, ni rabitos tiesos ni perro que me ladrara. He vuelto a mirar mi reflejo y he distinguido, más allá de él, en el interior de la tienda, la figura de una mujer con (probablemente) su nieto en brazos. Héte aquí que el bebé me ha visto y ha empezado a partirse el culo. Yo le he sacado la lengua y él se ha revolucionado aún más. Su boquita desdentada ha dibujado una sonrisa de oreja a oreja. Para qué quería más. He seguido haciendo monerías sin darme cuenta de lo que pensaba el personal que pasaba (prefiero seguir en la ignorancia).
Entonces he caído en la cuenta: "Ya está. La señora ha mirado más allá, como el bebé, como yo. Esta mujer lo que ha visto ha sido mi belleza interior". Y así, convencida de que tres personas en el día de hoy habíamos descubierto la belleza interior de otro, he seguido camino rumbo a la biblioteca. En mi cabeza ha vuelto a sonar una musiquita, pero no la del coro de antes. Era el "Here comes the sun" de los Beatles.
Y así he llegado a la biblioteca, feliz por ser fea por fuera y guapa por dentro. He depositado los libros sobre la mesa del bibliotecario (que guarda un parecido increíble con el profesor Bacterio de Mortadelo y Filemón -mismas barba y calva) y entonces la musica ha cesado con más violencia que la vez anterior. La mirada desdeñosa del funcionario me ha recordado que estoy a dos milésimas de convertirme en la usuario non grata del año porque nunca entrego los libros a tiempo. Si hubieramos hablado la cosa habría sido tal que así:
-Hombre, la torpeda que nunca viene en el plazo.
-Perdona, pero es que estos últimos días he andado algo liada...
-Ya, lo de siempre. ¿Por qué no coges "Blancanieves" la próxima vez?
- ¿Y por qué iba yo a querer leer "Blancanieves"?
-Pues porque tiene 14 páginas y la letra en Times New Roman, cuerpo 16. A ver si así, con uno cortito, acabas dentro del plazo.
-Pero tú, tú, tú.... vale... ¿sección infantil?
-Sí, pero no puedes llevártelo hoy. Tienes multa. Vuelve la semana que viene.
-Gracias, Bacterio, digo, señor de los libros.
Ay, así es la vida, sube y baja, guapa, fea... That's life. Me voy a comer.
Besitos.